¿Por qué a veces nos complicamos la vida a nosotros mismos? Lo hacemos con las mejores intenciones de “planear para futuros imprevistos”, para “preveer y prevenir posibles problemas” o incluso tratando de “pronosticar y cubrir cualquier posible situación que depronto tal vez pueda presentarse”.
Estas son todas causas muy nobles, pero a veces sí que nos pasamos.
Yo era así, sobretodo planeando estructuras y sistemas desde cero: quería que todo estuviera considerado de antemano, que todas las variables se tuvieran en cuenta, para que el sistema funcionara en cualquier circunstancia. Y muchas veces, esta forma de planear me funcionaba, pero de vez en cuando, me salía el tiro por la culata.
Hay casos, en los que complicamos las cosas innecesariamente: tratamos de cubrir y abarcar “todas” las variaciones que “podrían” suceder, pero nos olvidamos de que algunas de esas variaciones, aunque posibles, son tan improbables o tan infrecuentes, que no vale la pena considerarlas.
Peor aún: a veces eso que deseamos evitar con nuestro sistema súper complejo (la fatiga, el esfuerzo, el daño, el desorden, la pérdida de tiempo o lo que sea), resulta no ser tan malo o tan significativo, como el esfuerzo y los riesgos que implica seguir adelante con un sistema complicado en lugar de uno simple.
Entre más simple, más bonito
Esta es una filosofía que le escuché a un físico teórico: entre más simple se pueda representar una teoría, mejor. Esto no sólo incrementa la “belleza” de la teoría (asumiendo que todos mis queridos lectores pueden atribuirle belleza a una teoría). Sino que la probabilidad de que la teoría sea cierta, se estima más alta. La naturaleza en su infinita sabiduría, nos enseña que las cosas siempre son tan complejas como es necesario pero tan sencillas como sea posible.
El arte y la ciencia están en identificar cuándo hay que complicar y cuándo debemos simplificar.
Esto no es algo que yo domine a la perfección, pero ¡Vaya que me esmero! Hoy tuve un caso en el trabajo (no se los voy a explicar porque no quiero complicar este post innecesariamente ?), pero esto no aplica solo al trabajo, al software, a productos, a construcciones, a las organizaciones y a todas esos aspectos “profesionales”. Esta filosofía también aplica a nuestras vidas privadas: a veces nos complicamos en las relaciones, en las condiciones que nos ponemos para pasarlo bien o sentirnos a gusto. Se nos olvida que las cosas simples a veces son más bonitas y lo maravilloso es que cuando lo recordamos, nos alegramos doble, porque como son sencillas, no solo son más bonitas, puede que también sean más fáciles de encontrar!
Por eso amigos: ¡No nos compliquemos la vida! ?
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