Estamos planeando una «noche de juegos de mesa» con unos amigos, para este fin de semana y alguien nos recomendó el juego «Tabú«, en el que sacas una carta con una palabra que debes explicar a los demás y un grupo de palabras prohibidas (o «Tabú») que no puedes utilizar en tus explicaciones.

Por ejemplo si tienes que explicar la palabra «Playa» no puedes usar ninguna de estas:
- Arena
- Costa
- Verano
- Mar
- Olas
Es chistosísimo porque a la gente se le ocurren toda cantidad de barbaridades para explicar la palabra en cuestión.
Queremos jugarlo, pero ninguno de nosotros lo tiene, así que una amiga dijo inicialmente que lo iba a buscar. Pero que hoy nos escribió diciendo:
«No, hay que encontrar quién nos lo preste, porque el juego vale €20 por Amazon y eso me parece demasiado caro»
Mi amiga
A lo que otro amigo le contestó:
«20 Euros no me parece caro, hay muchos juegos de mesa que valen mucho más que eso»
Mi amigo
Y aquí viene la razón por la que escribo sobre esto, porque mi amiga respondió:
«Pero es que sólo son cartas y un relojito de arena. ¡Por unas cuantas cartas no voy a pagar 20 euros!»
Mi amiga
Hay cosas por las que vale la pena pagar
En su mayoría yo trato de no ser la causa de conflictos y por ende trato de no iniciar las discusiones. A menos claro, de que alguien haga o diga algo con lo que estoy muy en desacuerdo. En este caso no me pude aguantar y tuve que responderle.
«No estás pagando por unas cuantas cartas, estás pagando por el tiempo de no sé cuántas personas que eligieron las mejores palabras para el juego y luego seleccionaron las palabras-tabú adecuadas que generaran el resultado más gracioso para los participantes»
Yo
Mi amiga es muy inteligente, gana bien y le gusta pagar por buena calidad, así que rápidamente se dio cuenta de su error y se retractó de su evaluación anterior. Digamos que «se le fueron las luces» en un momento, porque eso nos pasa a todos. A mí sí que me ha pasado ya varias veces.
Eso es lo que me pone a pensar: ¿Por qué a veces algo nos parece «demasiado caro»? y ¿Por qué otras veces pagamos unos precios altísimos que sin embargo nos parecen absolutamente razonables? ¿Qué es lo que hace que relativicemos de esa manera el precio de algo?
Aquí ya escucho a mis queridísimos economistas diciendo algo como: «Es por el valor que tiene para ti. Si es algo que es indispensable para ti o lo quieres mucho, estarás dispuesta a pagar precios más altos. Pero si en cambio es algo que no te es tan importante, entonces lo vas a comprar sólo si te parece que tiene un buen precio».
Cierto, pero mi pregunta va más allá de las dinámicas de la oferta y la demanda. Lo que quiero saber, es ¿Por qué a veces se nos olvida el valor real que hay detrás de las cosas?
¿Cuánto valen realmente las cosas?
A veces se nos olvida la cantidad de tiempo y recursos que toda una cadena de gente invirtió en algo, antes de hacérnoslo llegar a nuestras manos.
Yo no conozco la cadena de suministro de Hasbro y no sé de dónde obtienen el cartón, las tintas y el plástico para sus juegos; ni cuánto tiempo invierten en la creación y el desarrollo de un nuevo juego. No sé cuál es el porcentaje de juegos «exitosos» que deben cubrir los gastos de otros juegos con menor acogida. No sé si les pagan bien a sus empleados; no sé si tienen una conciencia social y ayudan a la comunidad en donde están ubicados; no sé tampoco si tienen programas de conservación de recursos y producción sostenible.
No he hecho la investigación correspondiente para saber en qué se están invirtiendo realmente esos €20 que (parece) vamos a pagar por jugar «Tabú». Pero lo que sí sé, es que me gustaría poder conocer estos datos y que pudiéramos todos tener presentes estos valores la próxima vez que evaluemos los productos que queremos comprar. Sobre todo cuando se trate (a diferencia de «Tabú» y Hasbro) de productores pequeños, locales, artesanales o innovadores, a quienes me parece que tenemos que apoyar.
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